sábado, 14 de noviembre de 2009

El amor 10

Mis últimas palabras fueron negras, lo sé porque las vi salir de mi boca como humo. Eran de un negro brillante, muy oscuro y como era de noche se veían poco bajo la luz de las farolas de la rambla. Eran negras pero no por ello feas, tampoco eran hermosas. Digamos que fueron palabras pesadas, tristes... suplicantes. Quizá él no las viera, quizá el no se diera cuenta del brillo de aquella negrura gigantesca que me llenaba entera.

Sus últimas palabras las recuerdo amarillas, se veían bien en aquella noche fría, por eso todo me quedó suficientemente claro. Aún puedo verlas. radiantes, gritándome su hastío a la cara como si trataran de convertirse en mi propia conciencia repentina. Mis ojos se clavaron en su espalda y él pronunció aquella frase lapidaria: "yo creo que nuestro tiempo ya pasó" y siguió caminando las aceras verdes, que aún guardaban algo de esperanza, y tiñéndolas de un color que no recuerdo, quizá sea ese el color con que cubre los días el olvido.

El amor 9

8)OTRAS VECES


A veces es difícil olvidarse. Hoy volví a decir las palabras mágicas: lo siento él ya no vive aquí. Me paré frente a mi interlocutor, observé su modo de rebuscar en mis ojos el dolor y no esquivé sus preguntas sin palabras. Las miradas lastimosas ya no me pesan ni me obligan a buscar en el suelo un agujero por el que escapar.
Cerdo repugnante, no sabes cómo te odio.
También estuve ordenando papeles, fui al supermercado y cuando llegué me encontré a la vecina del tercero. Me volvió a preguntar por ti. Esta vez le dije: Ya no estamos. Me ahorré el "juntos", sobraba y además es una palabra que sólo mencionar me produce asco.
Comí frente al televisor,(sí, me he comprado uno) y no daban otra cosa que telenovelas y culebrones, estuve a punto de tirarlo por el balcón, pero preferí esperar a ver qué decían las noticias: podrías tener un accidente mortal y salir por la tele, aunque creo que tal y como están las cosas hoy en día es más probable que me entere de que eres el último novio de Malena Gracia. En cualquier caso, que sepas que todos los días miro las esquelas a ver si encuentro tu foto publicada, no querría llegar tarde a la fiesta.
Después de comer, me fui al gimnasio. Tengo demasiada energía que quemar y allí me encontré a tu amigo Óscar, ese tan guapo. También me preguntó por ti. Con ese incluso ahorré palabras. Le hice un gesto con las manos que indicaba un "no" y puse cara de circunstancias. Nunca he entendido qué quiere decir poner esa cara, pero en mi caso y para que lo entiendas, puse la cara que esta circunstancia en concreto me produce. Mi cara debió gustarle porque me invitó a salir y acepté, quedamos para el sábado, pero antes charlamos un buen rato. Le hablé de tus problemillas de aerofagia y le sugerí que me habías puesto los cuernos con su ex-mujer, pero muy sutilmente, quizá ya lo haya olvidado. Sabes que siempre me ha costado horrores mentir y claro la conversación surgió y no pude evitar contárselo. Por cierto que creo que Óscar es familia de tu jefe, me dijo que era primo creo, o cuñado, mmm... no, hermano, sin duda, es el hermano de tu jefe. Otra cosita cariño ¿se te ha curado ya la urticaria que te dio en los testículos?, porque estoy segura ya de que te la contagió aquella chica alta del edificio de la esquina. Supongo que no querrás reclamar, pero por lo visto no lo hace por amor, sino que es una profesión suya. Me temo que ya sé dónde perdiste la cartera con 400 euros. Me han dicho que tiene SIDA, sólo por si quieres ir a que te miren. Menos mal que dejé de gustarte cuando di a luz. A la otra chica del mismo edificio, con la que te vieron mi madre y la niña, en el portal, se la llevó la policía ayer por tráfico de estupefacientes. La policía está investigando a todos sus contactos. También te ha llegado un papel que tienes que presentar en la oficina de hacienda con carácter urgente, creo que mañana es el último día. Es un aviso de embargo por unos recibos que no has pagado, deben ser unos que me olvidé de enviarte. El papel en cuestión es la parte de atrás de esta hermosa cartita, que no sé si habrás tirado antes de acabar. En cualquier caso, me importa muy poco. Siento que tengas que entregarlo así mi vida, es que necesitaba mis folios para otras cosas y sabes bien que a mí me encanta reciclarlo todo, estuve diez años reciclando algo inservible. Un abrazo

El amor 8

7)A VECES
A veces es difícil olvidarse: "lo siento él ya no vive aquí". Pararse fríamente después de pronunciar estas palabras y observar cómo tu interlocutor busca el dolor en tu mirada. Cuántas veces he tenido la tentación de explicarle al cartero lo que ocurrió, cuando su mirada lastimosa me pesa con tanta fuerza que me obliga a hurgar en el suelo con los ojos como si buscase un hoyo por el que escapar. Contarle que aquel hombre que solía abrirle en calzoncillos cuando nos traía el encargo de la semana, el que sonreía y me hablaba con dulzura, ya no está conmigo más. Esa es otra respuesta que odio, “ya no estamos juntos”, a veces incluso me ahorro el juntos”. “Ya no estamos”, lo dice todo. ¿Por qué duele tanto revelarle al mundo que se acabó? Es como decirles que fuiste incapaz de conservar algo que te importaba, es un reconocimiento público de un fracaso. A veces me cuesta tanto decirlo que sólo hago un gesto con las manos un “no” y pongo cara de circunstancias, que aún no sé muy bien qué cara es. En mi caso es la cara que esta circunstancia en concreto me produce y no sabría describirla porque no me veo cuando la pongo. Sé que lo que siento es una necesidad inmensa de que nadie me pregunte nada más, es una cara de se acabó la relación y se acabaron las preguntas. Siento que esas preguntas están fuera de lugar. Si un pariente se muere la gente no va al velatorio a preguntar de qué murió, si sufrió, si tenía dolores...pues es casi lo mismo.
A veces es difícil olvidarse también porque dejaste restos: un calcetín tuyo entre mi ropa, uno solo, un calcetín sin su pareja. Y me doy cuenta de que es lo único que compartimos ahora: una pareja de calcetines, cada uno tiene el suyo igual al del otro, cada uno en su parte del mundo, en su parte de la vida. Yo lo conservo, quizá tú lo hayas tirado ya.
A veces también es difícil recordarte, se me olvida tu imagen, a veces te cuelas en mis sueños sin permiso, a veces te odio, a veces te echo de menos, a veces, a veces, a veces... y todos los días en cada trozo de minuto que no me roban esas veces dibujo un mañana en el que no aparezcas.

El amor 6

5)Escarcha
Hablaban desde la distancia. Conservaban sus mañanas y sus noches, las de ella solitarias, las de él monótonas. Conservaban sus olores íntimos, sus manías, sus errores y secretos mejor guardados, su espacio y tiempo sin el otro. Compartían, sin embargo, palabras: algunas efímeras, otras de esas que se tatúan para bien o para mal en la memoria y aparecen de improviso acompañadas de sensaciones que se posan en el pecho. Palabras que llegaban desde lejos, sin rostro, ni calor y atemporales, porque muchas quedaban escritas para poder revivirlas cuando cualquiera de los dos lo deseara.
Ella lo amaba, o eso creía que al fin y al cabo es lo que cuenta. De entre todas las decepciones que había sufrido, la de él había sido la menos dolorosa, de entre todos sus sueños anhelantes de amor, él era el más real, de entre todos los problemas que el amor podía causarle, él era el más lejano y de entre todas las excusas a su amor apasionado, las de él eran las más justificadas.
Él siempre la amó, desde el principio de los tiempos, pero en algún momento de su vida se sumergió en una paz helada que le entumeció hasta los huesos y de la que no intentó siquiera salir.
Se enviaron palabras y palabras, las de ella cada vez más llenas de amor comenzaron a alojarse en el pecho de él, cuando agotaron el espacio le llenaron la cabeza, las orejas, los ojos, la boca, el orgullo, los miedos. Y así henchido de palabras y congelado en esa paz entumecedora se fue llenando de un amor estático y absurdo del que no podía zafarse y se hinchó tanto, tanto, tanto que explotó en medio del hielo de esa paz elegida. Sus trozos se congelaron. Ahora son la escarcha de un amor sin medida.

El amor 5

4)Poesías
Un día decidió escribirle maravillosas palabras de amor, y así lo hizo. Las escogía siempre cuidadosamente y se las enviaba en elaborados mensajes que requerían horas de poner en orden su imaginación. Quería sorprenderla con la profundidad de su pensamiento, con la magnitud idílica de su sentimiento y estaba convencido de que aquellas palabras eran la herramienta que necesitaba para cavar suave y dulcemente un camino hacia el matrimonio.
Buscó nombres de flores exóticas, estudió geografía para citar los lugares más hermosos, aprendió a hacer metáforas y descubrió las onomatopeyas, incluso inventó algunas nuevas que a él le parecieron clarísimas y hermosas, se arriesgó a copiar algunas metonimias, y utilizó el hipérbaton desmedido cada vez que tenía que hacer alusión a su belleza. No conocía los nombres de las figuras literarias, pero las usaba sin control. De entre las palabras que los amantes se susurraban en las películas escogió aquellas que más bellas le parecían y construyó mensajes a diario donde sus sentimientos más secretos tomaban forma de poemas con rimas consonantes y versos libres, o de una prosa poética que le parecía a él que le daba más libertad de expresión. Descubrió la licencia literaria y la usó a su antojo, atiborrando sus versos y su prosa de símbolos abstractos que construían casi un dibujo de sus sentimientos. Ella nunca respondió. Obcecado en obtener algún tipo de respuesta jamás cejó en su empeño y continuó escribiéndole palabras que quedaban en el aire sin respuesta. Su miedo al rechazo le hizo forjar la idea de que ella no respondía quizá por vergüenza a contestar con palabras comunes a tan sublimes obras literarias, pero la realidad era que ella enmudeció gracias a una "h" (muda también), que se coló en el primer "mi hamor" que éste le envió en su primer mensaje.

el amor 4

3)Mehldau
Empezó la canción, esa tan triste que siempre la hacía llorar, esa que siempre escucharon juntos en la casa de ambos, bajo la luz tenue de la lámpara y con la que ella tantas veces le escribió palabras de amor. Aquella canción sonaba no sólo en sus oídos sino en su corazón y ahora con toda la energía que traen los recuerdos que uno lleva tiempo intentando no visitar, venía a vestirla de ese luto inadmisible que provocan los amores que no se han terminado de matar. La canción y su mensaje, se apropiaron de sus ojos y los llenaron de infinitas lágrimas que pugnaban por una salida triunfal sin reparar en el momento, ni el lugar, y que resbalaron velozmente por su cara ante la mirada atónita de un repentino público.
Se escurrieron por su cara, continuaron por su pecho, bajaron por su torso y la bañaron a ella, y a sus sorprendidos observadores, regaron los árboles de la zona y aumentaron el caudal de los ríos cercanos. La lluvia se fue a regar otros lugares e incluso se tomó unas vacaciones y todo lo que creció a partir de aquellas lágrimas cubrió el firmamento de verde esperanza.
Pero eso ocurrió más tarde, mientras la canción interminable aún sonaba, llegó él. Aunque había sido la misma canción para los dos, él ya no la recordaba, como tampoco se acordaba de la luz tenue, ni de las caricias, ni de las palabras que ella le escribió. A ella sí la recordaba, y saber que tenía poder para causar dolor a alguien que lo amaba, embriagaba de satisfacción a su orgullo. Buscó en los ojos de ella alguna consecuencia de su proximidad, algún brillo acuoso que le garantizase aquel poder de años, pero había llegado demasiado tarde. Caminaba, sin saberlo, encima de las últimas lágrimas que a ella le quedaban.

El amor 3

2)Antes de ti
Ella cerró los ojos y susurró infinitas veces aquellas tres palabras “antes de ti”, y las palabras de tanto repetirse se extendieron hasta el horizonte como una alfombra de sílabas gastadas y aplastadas por todo el pasado que cargaban cuando se pronunciaban juntas. Abrió los ojos, sin dejar de susurrarlas, y se dio cuenta de que“ti” eran dos. El de esa frase que tanto repetía, ya no estaba más. Curiosamente ese con el que siempre hizo planes de futuro era sólo parte del pasado.
Mientras su mantra se alejaba más y más de su conciencia, se dio cuenta de que era incapaz de concretar el momento en el que su auténtico “ti” había dejado de existir para convertirse en otra cosa. En su mente había recuerdos de ambos, pero en ninguno de ellos había una percepción de algún tipo de metamorfosis...¿Cuándo ocurrió?, ¿en qué momento su “después” pasó a ser una blasfemia de lo que soñó que sería? Rebuscó en su memoria algún momento capaz de atesorar el cambio y no lo halló. ¿Y ella?, ¿era ella “antes de Ti”?, sentía como si su “yo” se hubiera borrado... “Ti” se había colado hasta en su propio nombre. Y entonces lo vio claro, Ti y Yo no existían más. Se habían vertido en el mismo vaso y se habían diluido como un café con leche aquella tarde de diciembre en la que habían decidido que desayunarían juntos cada mañana.